Editorial


Azcona: volvamos al guión

                                 

     El cine español de la época franquista ha sido tildado de manera peyorativa de  “españoladas” y este hecho ha ocultado la gran labor de los profesionales del celuloide en una época en la que la censura era muy férrea, se trabajaba con escasos medios y había poco apoyo institucional; y que, a pesar de todos estos inconvenientes, consiguieron sacar adelante un puñado de buenas películas (cierto es que también las había mediocres e, incluso, nefastas, pero como en todos los sitios). Estas condiciones también se podrían aplicar a poetas, dramaturgos y novelistas que tuvieron que esconder sus obras en un cajón hasta el final de la dictadura o publicar y estrenar en el extranjero donde eran muy elogiados,  mientras que aquí eran desconocidos.

     Si bien es cierto que el cine americano es espectacular, no hay que olvidar que surge de unos presupuestos extraordinarios para hacer películas y de una poderosa industria que las distribuye por todo el mundo. ¡Tendría que ser pecado hacer una mala película en EEUU! (y las hay).

El hecho de hacer una buena película en los años 50-70 en España tiene un mérito infinito y por esta razón no hay que despreciar la labor de estos” proletarios” del cine que con cuatro duros y con un buen guión lograron sacar adelante un producto de calidad.

     Y aquí entramos en un asunto crucial que es el guion y, por consiguiente, el guionista, puesto que es muy difícil que una película sea buena si no tiene una buena historia que contar. Lo paradójico es que en los grandes eventos cinematográficos (véase festivales) lo más laureado es la dirección y la actuación, y quede en un lugar más a la sombra el creador de la historia. Y estos son tanto o más importantes que los demás, ¿o acaso no recuerdan el pánico que surgió en la industria del cine americano hace muy pocos años al decidir los guionistas ir a la huelga? ¿No podían haber seguido sin ellos? Evidentemente, no.

     Estamos asistiendo a la crisis de historias en el cine moderno. Las películas se llenan de efectos especiales, de actores de renombre, pero con historias poco sugerentes, apenas sorpresivas, incluso continuas versiones de los grandes clásicos del cine pasado, y hasta aprovechando grandes novelas para adaptarlas a la pantalla (ni que decir tiene que ya llevamos muchos años en los que los novelistas crean sus obras con la finalidad de llevarlas a los cines, antes que para su lectura).

     Y aquí entra el gran guionista, entre otras cosas, que es Rafael Azcona. Está presenta en la mayoría de las grandes películas de nuestro cine. En la época franquista con guiones que recuerdan al neorrealismo italiano pero siempre con un toque de humor, evidentemente negro. Hechos cotidianos de la España que le tocó vivir, pero con un saber contar genial. En la época democrática es requerido por los grandes directores como Berlanga, García Sánchez, Trueba, Cuerda…

  Debemos poner nuestro pequeño grano de arena y reivindicar a Azcona, al guion y, en definitiva, al cine español.


    

  


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